domingo, 16 de mayo de 2021

Etérea

 

ETÉREA

Microrrelato de María Ibáñez Monasor.

Si la mirabas bien, no era más que una niña. Inocente, frágil, angelical. Alba, de tan solo quince años de erar, era, como sugiere su nombre, un amanecer para todos los que la conocían.

Sus delicados modales daban a todos la idea de que sería una excelente esposa; y si todo iba bien, se convertiría en la de Francisco, su amigo de la infancia y ahora un muy apuesto joven.

Alba tenía la piel blanca como la azucena y los cabellos dorados como el oro. Parecía no haber roto un plato en su vida. Y así era, pero aquel día, cuando la encontré bañada en sangre, cuchillo en mano y su querido Francisco en el suelo, todo cambió.

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