ETÉREA
Microrrelato de María Ibáñez Monasor.
Si la mirabas bien, no era más que una niña. Inocente,
frágil, angelical. Alba, de tan solo quince años de erar, era, como sugiere su
nombre, un amanecer para todos los que la conocían.
Sus delicados modales daban a todos la idea de que sería
una excelente esposa; y si todo iba bien, se convertiría en la de Francisco, su
amigo de la infancia y ahora un muy apuesto joven.
Alba tenía la piel blanca como la azucena y los cabellos
dorados como el oro. Parecía no haber roto un plato en su vida. Y así era, pero
aquel día, cuando la encontré bañada en sangre, cuchillo en mano y su querido Francisco
en el suelo, todo cambió.
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