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CARTAS
Un
día antes de las uvas,
En
mitad del campo,
En
mitad de la nada,
En
la sierra de la provincia.
La batalla parecía perdida,
Boca
abajo y quitando,
Sabía
que llegaba a cien.
Pero...
Aún seguía en el juego
Aún
seguía en batalla.
Ya
habían caído bastantes
Pero
no deje que me echaran
Con
noventa y dos volví,
¿Junto
a quién?
Junto
a aquella que me daría
La
batalla final.
La partida seguía
Cada
vez éramos menos,
Las
miradas eran indiferentes,
Aquellos
eran mis enemigos,
Yo
supe a lo que iba.
Boca
abajo y sumando
Creí
que ese era mi fin
Pero
me cruce con jinetes
Jinetes
que me dieron
Una
gran oportunidad
Otra
oportunidad para vencer
Mi
caballo lleno de oro fue,
Dejándome con noventa y ocho
Con
las otras inútiles,
Sabía
lo que tenía que hacer
Pero
no sabía si el destino
O
la misma suerte,
Me
acompañarían.
Nobleza
y clero,
Entonces
la vi,
Sin
dudarlo ni un segundo
La
llevé junto a mí,
Esa
era mi esperanza
Tan
sola y abandonada,
Nadie
la quería
Pero
yo, yo sí.
Boca abajo y restando.
Las
miradas confusas,
Las
cartas sobre la mesa,
Las
riquezas obtenidas,
Ahí
estaban, de anteriores batallas.
Había
acabado con muchos,
Pero
no con los suficientes
Y
no se habían ido del todo.
Algunos
volvieron,
Junto
a alguien que,
Ni
con fe ni esperanza,
En
la siguiente se fue
Para
ya no más volver
Aún
tenía posibilidades,
Contrincantes
que,
No
con tantos, seguían,
Pero
ya nadie podía volver,
Ya
no había marcha atrás
Hasta
la muerte o vencer.
Tras varias batallas,
cada
vez éramos menos,
En
el campo de batalla,
Un
campo que cada vez,
Cada
vez era más pequeño.
Tres, quedábamos tres, hasta que,
Boca
abajo y restando,
Por
suerte yo, tenía grupo,
Tenía
escuadrón.
Aquella
alma perdida, no.
Fue impactante,
Con
casi la misma puntuación,
Quedamos
ella y yo,
Yo y ella, en batalla.
Yo
tenía fe y confianza.
Ella
tenía a Dios de su parte.
Tenía que cerrar
Cerrar
las puertas,
Y
eso hice.
Pero
ella entro con todo y caballería.
No,
no, no, no...
Al filo de la espada, fue una mala jugada,
Tendría
que haberme esperado,
Pero
estaba muy desesperado,
No
sé sus tácticas
No
sé por qué bando irá,
O
si acaso tenía algún bando abierto.
Estaba confuso, no sabía que táctica seguir
O
simplemente dejarlo estar,
Y
que Dios me guie,
Pero
no estaba solo.
Estaban
junto a mí,
Los
caídos que ella elimino,
Pero
junto a ella también estaban,
Las
almas que yo había echado.
Las copas eran demasiadas,
No
tuve opción,
Lo
tuve que hacer,
Cambié
7 cálices por 3 palos,
La
sonrisa en su rostro,
Cuando
vi que la iba a dejar,
Eché
la cabeza abajo como derrotado,
Pero
no, esa no era mi batalla ultima,
Con
caballería y espadas entré
Y
los dejé a su suerte.
A
solo seis de la derrota,
Y
a trece de la victoria.
La
gran batalla comenzó,
La
conocida como:
“La
Dorada”
Junto
a mi bandera, entre en la batalla,
Junto
a mi escudo luché.
Y tocaron las trompetas las doce,
Los
tambores de la batalla,
El
fuego de la guerra,
Todos
en silencio.
Barajando la suerte,
repartió
aquella mujer
Siete
cartas,
Las
cartas que me llevarían
A
la derrota más absoluta
O
a la victoria más total.
Dos,
tres y cuatro reales.
Jinete
y rey con poder.
Siete
copas y cuatro palos.
En
el campo de batalla,
Un
noble con dinero,
Y
lo cambié por siete copas.
Cuando se llevó las copas,
Empecé
a tener miedo,
Una
mirada concentrada en sus tropas,
Definitivamente
tramaba algo,
abandonó
a un jinete leal a su pueblo,
Pero
no era lo que necesitaba,
Cuando
robé, no era lo que necesitaba.
Lo solté sin pensarlo, pero a ella le sirvió,
Alzando
la mano al cielo,
Todos
presentes nos miramos,
Ella
lo tenía claro, iba a por todas,
Y
simple mente la soltó.
Era hermosa, grácil y bella,
Cuando
mis ojos la vieron,
No
pude resistirme a decir que no
A
aquella dorada y gran moneda.
Me
la quede mirando,
Miré
a mi rival,
Me
la llevé y solté,
Boca
abajo y ganando
Entonces,
la batalla acabó
Con
una victoria,
Con
un Chinchón.