82 CARTAS
Un día antes de las uvas,
En mitad del campo,
En mitad de la nada,
En la sierra de la provincia.
La batalla parecía perdida,
Boca abajo y quitando,
Sabía que llegaba a cien.
Pero... Aún seguía en el juego
Aún seguía en batalla.
Ya habían caído bastantes
Pero no deje que me echaran
Con noventa y dos volví,
¿Junto a quién?
Junto a aquella que me daría
La batalla final.
La partida seguía
Cada vez éramos menos,
Las miradas eran indiferentes,
Aquellos eran mis enemigos,
Yo supe a lo que iba.
Boca abajo y sumando
Creí que ese era mi fin
Pero me cruce con jinetes
Jinetes que me dieron
Una gran oportunidad
Otra oportunidad para vencer
Mi caballo lleno de oro fue,
Dejándome con noventa y ocho
Con las otras inútiles,
Sabía lo que tenía que hacer
Pero no sabía si el destino
O la misma suerte,
Me acompañarían.
Nobleza y clero,
Entonces la vi,
Sin dudarlo ni un segundo
La llevé junto a mí,
Esa era mi esperanza
Tan sola y abandonada,
Nadie la quería
Pero yo, yo sí.
Boca abajo y restando.
Las miradas confusas,
Las cartas sobre la mesa,
Las riquezas obtenidas,
Ahí estaban, de anteriores batallas.
Había acabado con muchos,
Pero no con los suficientes
Y no se habían ido del todo.
Algunos volvieron,
Junto a alguien que,
Ni con fe ni esperanza,
En la siguiente se fue
Para ya no más volver
Aún tenía posibilidades,
Contrincantes que,
No con tantos, seguían,
Pero ya nadie podía volver,
Ya no había marcha atrás
Hasta la muerte o vencer.
Tras varias batallas,
cada vez éramos menos,
En el campo de batalla,
Un campo que cada vez,
Cada vez era más pequeño.
Tres, quedábamos tres, hasta que,
Boca abajo y restando,
Por suerte yo, tenía grupo,
Tenía escuadrón.
Aquella alma perdida, no.
Fue impactante,
Con casi la misma puntuación,
Quedamos ella y yo,
Yo y ella, en batalla.
Yo tenía fe y confianza.
Ella tenía a Dios de su parte.
Tenía que cerrar
Cerrar las puertas,
Y eso hice.
Pero ella entro con todo y caballería.
No, no, no, no...
Al filo de la espada, fue una mala jugada,
Tendría que haberme esperado,
Pero estaba muy desesperado,
No sé sus tácticas
No sé por qué bando irá,
O si acaso tenía algún bando abierto.
Estaba confuso, no sabía que táctica seguir
O simplemente dejarlo estar,
Y que Dios me guie,
Pero no estaba solo.
Estaban junto a mí,
Los caídos que ella elimino,
Pero junto a ella también estaban,
Las almas que yo había echado.
Las copas eran demasiadas,
No tuve opción,
Lo tuve que hacer,
Cambié 7 cálices por 3 palos,
La sonrisa en su rostro,
Cuando vi que la iba a dejar,
Eché la cabeza abajo como derrotado,
Pero no, esa no era mi batalla ultima,
Con caballería y espadas entré
Y los dejé a su suerte.
A solo seis de la derrota,
Y a trece de la victoria.
La gran batalla comenzó,
La conocida como:
“La Dorada”
Junto a mi bandera, entre en la batalla,
Junto a mi escudo luché.
Y tocaron las trompetas las doce,
Los tambores de la batalla,
El fuego de la guerra,
Todos en silencio.
Barajando la suerte,
repartió aquella mujer
Siete cartas,
Las cartas que me llevarían
A la derrota más absoluta
O a la victoria más total.
Dos, tres y cuatro reales.
Jinete y rey con poder.
Siete copas y cuatro palos.
En el campo de batalla,
Un noble con dinero,
Y lo cambié por siete copas.
Cuando se llevó las copas,
Empecé a tener miedo,
Una mirada concentrada en sus tropas,
Definitivamente tramaba algo,
abandonó a un jinete leal a su pueblo,
Pero no era lo que necesitaba,
Cuando robé, no era lo que necesitaba.
Lo solté sin pensarlo, pero a ella le sirvió,
Alzando la mano al cielo,
Todos presentes nos miramos,
Ella lo tenía claro, iba a por todas,
Y simple mente la soltó.
Era hermosa, grácil y bella,
Cuando mis ojos la vieron,
No pude resistirme a decir que no
A aquella dorada y gran moneda.
Me la quede mirando,
Miré a mi rival,
Me la llevé y solté,
Boca abajo y ganando
Entonces, la batalla acabó
Con una victoria,
Con un Chinchón.
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