viernes, 29 de septiembre de 2023

82 CARTAS. Poema de Yeray Núñez Utiel

 

82 CARTAS

 

Un día antes de las uvas,

En mitad del campo,

En mitad de la nada,

En la sierra de la provincia.

 

 La batalla parecía perdida,

Boca abajo y quitando,

Sabía que llegaba a cien.

Pero... Aún seguía en el juego

Aún seguía en batalla.

 

Ya habían caído bastantes

Pero no deje que me echaran

Con noventa y dos volví,

¿Junto a quién?

Junto a aquella que me daría

La batalla final.

 

 La partida seguía

Cada vez éramos menos,

Las miradas eran indiferentes,

Aquellos eran mis enemigos,

Yo supe a lo que iba.

 

Boca abajo y sumando

Creí que ese era mi fin

Pero me cruce con jinetes

Jinetes que me dieron

Una gran oportunidad

Otra oportunidad para vencer

Mi caballo lleno de oro fue,

 

 Dejándome con noventa y ocho

Con las otras inútiles,

Sabía lo que tenía que hacer

Pero no sabía si el destino

O la misma suerte,

Me acompañarían.

 

Nobleza y clero,

Entonces la vi,

Sin dudarlo ni un segundo

La llevé junto a mí, 

Esa era mi esperanza

Tan sola y abandonada,

Nadie la quería

Pero yo, yo sí.

 

 Boca abajo y restando.

Las miradas confusas,

Las cartas sobre la mesa,

Las riquezas obtenidas, 

Ahí estaban, de anteriores batallas.

 

Había acabado con muchos,

Pero no con los suficientes

Y no se habían ido del todo.

Algunos volvieron,

Junto a alguien que,

Ni con fe ni esperanza,

En la siguiente se fue

Para ya no más volver

 

Aún tenía posibilidades,

Contrincantes que,

No con tantos, seguían,

Pero ya nadie podía volver,

Ya no había marcha atrás

Hasta la muerte o vencer.

 

 Tras varias batallas,

cada vez éramos menos,

En el campo de batalla,

Un campo que cada vez,

Cada vez era más pequeño.

 

 Tres, quedábamos tres, hasta que,

Boca abajo y restando,

Por suerte yo, tenía grupo,

Tenía escuadrón.

Aquella alma perdida, no.

 

 Fue impactante, 

Con casi la misma puntuación,

Quedamos ella y yo,

 Yo y ella, en batalla.

Yo tenía fe y confianza.

Ella tenía a Dios de su parte.

 

 Tenía que cerrar

Cerrar las puertas,

Y eso hice.

Pero ella entro con todo y caballería.

No, no, no, no...

 

 Al filo de la espada, fue una mala jugada,

Tendría que haberme esperado,

Pero estaba muy desesperado,

No sé sus tácticas 

No sé por qué bando irá, 

O si acaso tenía algún bando abierto.

 

 Estaba confuso, no sabía que táctica seguir

O simplemente dejarlo estar,

Y que Dios me guie,

Pero no estaba solo.

 

Estaban junto a mí,

Los caídos que ella elimino,

Pero junto a ella también estaban,

Las almas que yo había echado.

 

 Las copas eran demasiadas,

No tuve opción,

Lo tuve que hacer,

Cambié 7 cálices por 3 palos,

La sonrisa en su rostro,

Cuando vi que la iba a dejar,

Eché la cabeza abajo como derrotado,

Pero no, esa no era mi batalla ultima,

Con caballería y espadas entré

Y los dejé a su suerte.

A solo seis de la derrota,

Y a trece de la victoria.

 

La gran batalla comenzó,

La conocida como: 

“La Dorada”

Junto a mi bandera, entre en la batalla,

Junto a mi escudo luché.

 

 Y tocaron las trompetas las doce,

Los tambores de la batalla,

El fuego de la guerra,

Todos en silencio.

 

 Barajando la suerte,

repartió aquella mujer

Siete cartas, 

Las cartas que me llevarían

A la derrota más absoluta

O a la victoria más total.

 

Dos, tres y cuatro reales.

Jinete y rey con poder.

Siete copas y cuatro palos.

En el campo de batalla,

Un noble con dinero,

Y lo cambié por siete copas.

 

 Cuando se llevó las copas, 

Empecé a tener miedo,

Una mirada concentrada en sus tropas,

Definitivamente tramaba algo,

abandonó a un jinete leal a su pueblo,

Pero no era lo que necesitaba,

Cuando robé, no era lo que necesitaba.

 

 Lo solté sin pensarlo, pero a ella le sirvió,

Alzando la mano al cielo,

Todos presentes nos miramos,

Ella lo tenía claro, iba a por todas, 

Y simple mente la soltó.

 

 Era hermosa, grácil y bella,

Cuando mis ojos la vieron,

No pude resistirme a decir que no

A aquella dorada y gran moneda.

 

Me la quede mirando,

Miré a mi rival,

Me la llevé y solté,

Boca abajo y ganando

Entonces, la batalla acabó

Con una victoria,

Con un Chinchón.

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