sábado, 27 de abril de 2024

NO ES POCO

 

NO ES POCO    Alfredo Alcahut Utiel

1er premio Categoría familias, antiguos alumnos y profesores

del I Concurso Literario “Jucreaciones”, 2024

 

Cuando se despertó una mañana, no podía creer que el rayo de sol que entraba por la ventana fuera real ni que lo vivido las horas anteriores no hubiera sido una pesadilla.

Todo había comenzado hace unas horas. Pepe llevaba unos meses como limpiador en el IES Río Júcar, en la exótica población manchega de Madrigueras, donde compartía tareas con su compañero Paco. Aquel fatídico día Paco estaba de baja por un virus, por lo que a Pepe le tocó lidiar solo la limpieza del centro, en una tarde muy ventosa, en las que las ráfagas de aire pugnaban por entrar por rendijas y resquicios, afinando su lúgubre canto en casi aullidos ululantes. Nuestro héroe tenía más miedo que las zorras. Las puertas que crujían las persianas que batían con fuerza, las ramas golpeando cristales le aterrorizaban siempre, mas aquella tarde la tormenta parecía más avinagrada que nunca. Estaba en biblioteca, donde los vientos azotan casi por todas partes, cuando de pronto, oyó un portazo. Se le erizaron los cabellos y su pánico ahogó un grito que pugnaba por salir de su garganta. Con extrema cautela se acercó al pasillo de donde provenía el sonido. Encontró cerrada la puerta del Laboratorio de Ciencias Naturales, la misma que él había dejado abierta hacía unos minutos. Con inmenso cuidado y enorme temor la abrió lentamente. Los caprichos del destino hacían que el último rayo de sol de la tarde entrara en ese momento por una ventana cuya persiana estaba rota, reflejándose en una vitrina mal cerrada, con el no buscado efecto de desviarse de lleno al simpático esqueleto del rincón, que parecía, iluminado como estaba con luz propia, a punto de echarse a hablar.

En ese instante, cosas de la física, la puerta entreabierta optó por abrirse completamente por su cuenta y riesgo, adornando su apertura con un gruñido rancio. El sobresalto de Pepe fue de órdago. Voló, más que corrió, hacia la biblioteca, se encerró con la llave tras vencer los pasmos que se habían adueñado de su cuerpo y respiró, sintiéndose más seguro, después de atrancar la puerta y cerrar con llave. El pánico nubló su conocimiento. Intentó llamar por teléfono, y el temblor de sus manos bloqueó el móvil. Por si fuera poco, un gemido infernal, procedente de la ventana, lo terminó de aterrorizar. Se acercó con cautela infinita: un gato, un maldito gato. Aprovechó para intentar comunicarse por la ventana, en balde. Nadie pasaba por aquellas horas por allí, ni remotamente. El terror y el agotamiento lo dejaron exhausto. En un momento de la noche, agotado, debió de dormirse.

Finalmente, un tímido rayo de luz lo despertó. Se hace de día, pensó, pronto vendrán profesorado y alumnado y habrá acabado esta pesadilla. Algo más calmado, se dijo: amanece, que no es poco.

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