Fardel de letras
jueves, 29 de enero de 2026
viernes, 16 de enero de 2026
Primavera
Del libro Abril entre los dedos, de Jesús Cutanda Ruiz
PRIMAVERA
El café refulgente como un beso
al cruzar arbotantes rizomáticos
a las dos de la tarde.
Estornudo églogas cubierto en polen
mientras siguen fecundos los caminos
las andariegas almas de floresta.
A mi lado estornuda una paloma ,
y el banco es duro, estoy sentado mal.
Invaden a mis vértebras el tiempo.
Apenas veinticuatro, a punto veinticinco.
Mientras gratis trabajas horas extra,
recuerdo que nos quedan quince días.
Volverás al amor estacional
mientras pasan los años y estornudo
a doce mil kilómetros de ti
la primavera que en tus brazos pienso.
jueves, 9 de enero de 2025
sábado, 27 de abril de 2024
NO ES POCO
NO ES POCO Alfredo Alcahut Utiel
1er
premio Categoría familias, antiguos alumnos y profesores
del
I Concurso Literario “Jucreaciones”, 2024
Cuando
se despertó una mañana, no podía creer que el rayo de sol que entraba por la
ventana fuera real ni que lo vivido las horas anteriores no hubiera sido una
pesadilla.
Todo
había comenzado hace unas horas. Pepe llevaba unos meses como limpiador en el
IES Río Júcar, en la exótica población manchega de Madrigueras, donde compartía
tareas con su compañero Paco. Aquel fatídico día Paco estaba de baja por un
virus, por lo que a Pepe le tocó lidiar solo la limpieza del centro, en una
tarde muy ventosa, en las que las ráfagas de aire pugnaban por entrar por
rendijas y resquicios, afinando su lúgubre canto en casi aullidos ululantes.
Nuestro héroe tenía más miedo que las zorras. Las puertas que crujían las
persianas que batían con fuerza, las ramas golpeando cristales le aterrorizaban
siempre, mas aquella tarde la tormenta parecía más avinagrada que nunca. Estaba
en biblioteca, donde los vientos azotan casi por todas partes, cuando de
pronto, oyó un portazo. Se le erizaron los cabellos y su pánico ahogó un grito
que pugnaba por salir de su garganta. Con extrema cautela se acercó al pasillo
de donde provenía el sonido. Encontró cerrada la puerta del Laboratorio de
Ciencias Naturales, la misma que él había dejado abierta hacía unos minutos.
Con inmenso cuidado y enorme temor la abrió lentamente. Los caprichos del
destino hacían que el último rayo de sol de la tarde entrara en ese momento por
una ventana cuya persiana estaba rota, reflejándose en una vitrina mal cerrada,
con el no buscado efecto de desviarse de lleno al simpático esqueleto del
rincón, que parecía, iluminado como estaba con luz propia, a punto de echarse a
hablar.
En
ese instante, cosas de la física, la puerta entreabierta optó por abrirse
completamente por su cuenta y riesgo, adornando su apertura con un gruñido
rancio. El sobresalto de Pepe fue de órdago. Voló, más que corrió, hacia la
biblioteca, se encerró con la llave tras vencer los pasmos que se habían
adueñado de su cuerpo y respiró, sintiéndose más seguro, después de atrancar la
puerta y cerrar con llave. El pánico nubló su conocimiento. Intentó llamar por
teléfono, y el temblor de sus manos bloqueó el móvil. Por si fuera poco, un
gemido infernal, procedente de la ventana, lo terminó de aterrorizar. Se acercó
con cautela infinita: un gato, un maldito gato. Aprovechó para intentar
comunicarse por la ventana, en balde. Nadie pasaba por aquellas horas por allí,
ni remotamente. El terror y el agotamiento lo dejaron exhausto. En un momento
de la noche, agotado, debió de dormirse.
Finalmente,
un tímido rayo de luz lo despertó. Se hace de día, pensó, pronto vendrán
profesorado y alumnado y habrá acabado esta pesadilla. Algo más calmado, se
dijo: amanece, que no es poco.
viernes, 29 de septiembre de 2023
82 CARTAS. Poema de Yeray Núñez Utiel
82 CARTAS
Un día antes de las uvas,
En mitad del campo,
En mitad de la nada,
En la sierra de la provincia.
La batalla parecía perdida,
Boca abajo y quitando,
Sabía que llegaba a cien.
Pero... Aún seguía en el juego
Aún seguía en batalla.
Ya habían caído bastantes
Pero no deje que me echaran
Con noventa y dos volví,
¿Junto a quién?
Junto a aquella que me daría
La batalla final.
La partida seguía
Cada vez éramos menos,
Las miradas eran indiferentes,
Aquellos eran mis enemigos,
Yo supe a lo que iba.
Boca abajo y sumando
Creí que ese era mi fin
Pero me cruce con jinetes
Jinetes que me dieron
Una gran oportunidad
Otra oportunidad para vencer
Mi caballo lleno de oro fue,
Dejándome con noventa y ocho
Con las otras inútiles,
Sabía lo que tenía que hacer
Pero no sabía si el destino
O la misma suerte,
Me acompañarían.
Nobleza y clero,
Entonces la vi,
Sin dudarlo ni un segundo
La llevé junto a mí,
Esa era mi esperanza
Tan sola y abandonada,
Nadie la quería
Pero yo, yo sí.
Boca abajo y restando.
Las miradas confusas,
Las cartas sobre la mesa,
Las riquezas obtenidas,
Ahí estaban, de anteriores batallas.
Había acabado con muchos,
Pero no con los suficientes
Y no se habían ido del todo.
Algunos volvieron,
Junto a alguien que,
Ni con fe ni esperanza,
En la siguiente se fue
Para ya no más volver
Aún tenía posibilidades,
Contrincantes que,
No con tantos, seguían,
Pero ya nadie podía volver,
Ya no había marcha atrás
Hasta la muerte o vencer.
Tras varias batallas,
cada vez éramos menos,
En el campo de batalla,
Un campo que cada vez,
Cada vez era más pequeño.
Tres, quedábamos tres, hasta que,
Boca abajo y restando,
Por suerte yo, tenía grupo,
Tenía escuadrón.
Aquella alma perdida, no.
Fue impactante,
Con casi la misma puntuación,
Quedamos ella y yo,
Yo y ella, en batalla.
Yo tenía fe y confianza.
Ella tenía a Dios de su parte.
Tenía que cerrar
Cerrar las puertas,
Y eso hice.
Pero ella entro con todo y caballería.
No, no, no, no...
Al filo de la espada, fue una mala jugada,
Tendría que haberme esperado,
Pero estaba muy desesperado,
No sé sus tácticas
No sé por qué bando irá,
O si acaso tenía algún bando abierto.
Estaba confuso, no sabía que táctica seguir
O simplemente dejarlo estar,
Y que Dios me guie,
Pero no estaba solo.
Estaban junto a mí,
Los caídos que ella elimino,
Pero junto a ella también estaban,
Las almas que yo había echado.
Las copas eran demasiadas,
No tuve opción,
Lo tuve que hacer,
Cambié 7 cálices por 3 palos,
La sonrisa en su rostro,
Cuando vi que la iba a dejar,
Eché la cabeza abajo como derrotado,
Pero no, esa no era mi batalla ultima,
Con caballería y espadas entré
Y los dejé a su suerte.
A solo seis de la derrota,
Y a trece de la victoria.
La gran batalla comenzó,
La conocida como:
“La Dorada”
Junto a mi bandera, entre en la batalla,
Junto a mi escudo luché.
Y tocaron las trompetas las doce,
Los tambores de la batalla,
El fuego de la guerra,
Todos en silencio.
Barajando la suerte,
repartió aquella mujer
Siete cartas,
Las cartas que me llevarían
A la derrota más absoluta
O a la victoria más total.
Dos, tres y cuatro reales.
Jinete y rey con poder.
Siete copas y cuatro palos.
En el campo de batalla,
Un noble con dinero,
Y lo cambié por siete copas.
Cuando se llevó las copas,
Empecé a tener miedo,
Una mirada concentrada en sus tropas,
Definitivamente tramaba algo,
abandonó a un jinete leal a su pueblo,
Pero no era lo que necesitaba,
Cuando robé, no era lo que necesitaba.
Lo solté sin pensarlo, pero a ella le sirvió,
Alzando la mano al cielo,
Todos presentes nos miramos,
Ella lo tenía claro, iba a por todas,
Y simple mente la soltó.
Era hermosa, grácil y bella,
Cuando mis ojos la vieron,
No pude resistirme a decir que no
A aquella dorada y gran moneda.
Me la quede mirando,
Miré a mi rival,
Me la llevé y solté,
Boca abajo y ganando
Entonces, la batalla acabó
Con una victoria,
Con un Chinchón.

