sábado, 15 de febrero de 2020

El viaje


EL VIAJE
(PERIPLO EN TRES PARADAS Y UN ARRIBO)
PREMIO DRAGÓN DE POESÍA 2008. XIII CERTAMEN LITERARIO SAN JORGE 
MADRIGUERAS, ALBACETE
 ALFREDO ALCAHUT UTIEL

PRÓLOGO-COMENTARIO
Hace casi tres mil años Homero contó las aventuras de Ulises en la Odisea. La vida es la odisea particular de cada uno de nosotros.
El héroe Ulises emprendió un camino en el que vio tierras y conoció  gentes nunca antes vistos por un griego. Después, nada fue igual. En nuestras vidas nos enfrentamos a novedades, regiones ignoradas, las que más encanto encierran, que dejan de serlo cuando las conocemos, perdiendo también su encanto.
Ulises se topó con las sirenas, seductores monstruos de apariencia femenina que atraían a los navegantes con sus cantos para acabar devorándolos cuando se acercaban demasiado y se estrellaban contra las rocas. ¡Cuántas veces se nos ofrecen tentaciones de poder, dinero, drogas, placeres incontrolados, un canto de sirenas!
Ulises tardó diez años en volver. En ese largo retorno fueron muchas las mujeres que le acogieron como huésped y que le instaron a aplazar el regreso a casa. Hay momentos en la vida en que, aunque tengamos clara nuestra meta, nos apetece descansar, despreocuparnos, y solazarnos con lo que se ofrece.
El héroe llegó a su hogar tan cambiado, que nadie lo reconoció. No salió a su encuentro ni esposa, ni hijo, ni nobles... sólo su fiel y viejo perro Argos, que ha esperado veinte años a su amo, lo reconoce y entonces, feliz, muere. Cuando llegamos al final de nuestra meta en la vida, en la que hemos conseguido nuestro puesto, nuestra familia, nuestra empresa realizada... ¡cuanto desengaño al ver que las cosas no son como esperábamos! Pero seguramente si miramos bien siempre habrá un Argos que nos está esperando.

I. EL MAR DE ULISES
Misteriosos fuegos en los acantilados,
playas llenas de focas, ondas saladas,
arcanos murmullos, inhóspitos mares,
y tú, intrépido nauta, solo buscando hogar.
Ni temiste la inhospitalidad de los mares,
ni el canto de sirenas, ni el feroz Posidón
pudo vetar el retorno a Ítaca.
Mas venciste al mar y hollaste sus caminos,
y desde entonces acabaron
los paraísos perdidos.
II. EL CANTO DE SIRENAS
Escucha, navegante, a lo lejos el canto:
es la sirena, que te saluda con alegría y gozo.
Te invita a morar con ella, a habitar su paraíso...
pero cuidado, ¿no ves los engaños?
Es seductor su canto, ficticio
su tacto, huye, no escuches,
puedes marchar, tienes tiempo.
Sigue tu camino, y deja que otro,
tentado, caiga en el arrecife
y perezca entre las piedras.

III. NAUSÍCAA A ULISES
No soy Circe, pródiga en encantos y seducciones varias
que puedan hechizar tus días,
ni la ninfa Calipso, diosa que te retuviera en rumorosa gruta
de espléndida isla.
Soy, más bien, una inexperta muchacha
con un sencillo arriate al que llama jardín
que te ofrece, hospitalaria, vino y flores.
Aguarda, para en tu camino: Penélope lo comprende, te esperará.
Quédate conmigo, Ulises, quédate un día, o tres,
o diez breves años.
IV. ARGOS
En el vigésimo año de la marcha de Ulises,
en el vigésimo año de la espera de Penélope,
en el décimo año de la capturada Troya
y la muerte encanecida del anciano Príamo,
aguardaba, paciente, la discreta Penélope,
aguardaba, prudente, el deiforme Telémaco,
aguardaba, sombrío, el fiel can Argos,
orgullo de la caza y de su noble señor,
apartado ahora de la suerte del palacio.
Fue feliz; tuvo espera, y vio el resultado:
tras años de espera, tras años de oprobio,
“entonces la Parca de la negra muerte
Se apoderó de Argos, después de que volviera
a ver a Ulises”, fecundo en ardides,
en el vigésimo año.

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