INFANCIA
Recuerdo
la
infancia antigua de las galeras
llorando
paja y sudores por los caminos,
y la
cuádriga de labradores
aplacando
la sedienta boca de los graneros,
y los
veranos,
y el olor
amargo de los cerdos,
y la
voz ronca de los muleros,
y el
correr sin bridas
bajo
las ultimas moreras,
y serpentear
peligrosamente
el vientre
negro de las tinajas
sin
miedo
a ese abismo
que después se llamará muerte,
crispación
o
tiempo,
y esa
sensación,
no sé,
de
sangre que no termina
esa
sensación casi olvidada
de
eternidad amasada en la boca,
de
cuerpo a cuerpo arañar la tierra
empapado
de colonia barata
una
tarde
en que
dios no había nacido.
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