Educar
es lo mismo
que
poner un motor a una barca,
hay
que medir, pensar, equilibrar,
y
poner todo en marcha.
Pero
para eso,
uno
tiene que llevar en el alma
un
poco de marino,
un
poco de pirata,
un
poco de poeta,
y
un kilo y medio de paciencia concentrada.
Pero
es consolador soñar,
mientras
uno trabaja,
que
esa barca, ese niño
irá
muy lejos por el agua.
Soñar
que ese navío
llevará
nuestra carga de palabras
hacia
puertos distantes, hacia islas lejanas.
Soñar
que cuando un día
esté
durmiendo nuestro propio barco,
en
barcos nuevos seguirá nuestra bandera enarbolada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario